ESCRIBIR ES SEDUCIR
Ramiro Arias Barriga
El escritor es un inconforme, es un simulador que disfraza la realidad y la vida hasta volverla creíble, esa es la ficción y de esto se ha dicho mucho. Vargas Llosa en “La verdad de las mentiras” anotaba que las mentiras de las novelas no son nunca gratuitas y estas nos llenan las insuficiencias de la vida y que a los hombres satisfechos con su destino, estas novelas, no suelen cumplir servicio alguno, quizá lo decía porque refleja las mentiras que somos y que la ficción nos completa esa atroz dicotomía entre el ser y el deber ser. Stephen King, uno de los más importantes escritores vivos de Estados Unidos, autor de más cuarenta novelas de literatura fantástica, de ciencia ficción y sobre todo de terror, decía que siempre ha escrito porque le llenaba o sea que disfrutaba con lo que hacía, “todo lo que escrito me ha salido de las entrañas”, escribe, pero así mismo, aunque diga que le hacía vibrar el simple gozo de hacerlo ha pagado su precio: sudor y lágrimas. Pero en lo que todos los grandes escritores concuerdan es en aceptar que la mejor manera de aprender es leyendo y escribiendo mucho, de aquí para adelante todos, incluso el mismo García Márquez hasta Julio Cortazar, pasando por Roberto Bolaño y otros, han dictaminado sus recetas y sus frases célebres respecto al oficio diciendo, entre otras cosas, que la escritura les salva y que a ninguno de ellos, incluido Augusto Monterroso y el mismo King no han perseguido el éxito que tienen y, desde luego, con sus dotes de persuasión nos han convencido; aunque luego ejercitamos nuestro derecho a la duda en un mundo donde la fama emborracha. “Las cosas no son como las vemos sino como la recordamos”, escribía Valle-Inclán refiriéndose a la memoria y a la imaginación, instrumentos que todo escritor debe manejar. Éstos podrían ser parte de esa analogía que sugiere Stephen King con su “caja de herramientas” útiles para un escritor: en la bandeja superior debe estar el vocabulario, es decir la gramática. El segundo nivel: desconfía del adverbio (yo diría también del adjetivo) y la capa de abajo: la forma y el estilo. Para las revelaciones del escritor no existen formulas sino el azar y el destino